Olocau

Camp de Túria

El descubrimiento de restos de un entierro correspondiente al período neolítico en la cueva de la Penyeta Roja nos asegura la existencia de un asentamiento humano prehistórico en nuestras tierras. Con ellos comenzaría a practicarse una incipiente agricultura y ganadería. Aquellos hombres hacen sus utensilios de piedra: hachas, lanzas, molinos para transformar las bellotas de encina y de los cereales en harina … Es posible datar este nuevo comportamiento humano en el territorio costero del Mediterráneo hacia los años 3000 antes de Cristo. Con ellos comenzarían a aprovecharse los terrenos planos de las aceras del barranco, donde construirían algunas cabañas, cerca de los cultivos y el agua.

El entierro de la Penyeta Roja se fecha hacia el entorno del 2.000 aC. Luego, hacia 1500 aC, las relaciones con algunos pueblos del sur de la Península haga que se empezaron a utilizar los metales, entre ellos un muy importante fue el bronce. Construyeron los poblados en lugares altos y aparecieron los primeros signos de fortificación, que podéis ver arriba de la Penyeta Roja, el Portitxol, el Puntal de Pedro, al Musgany y el Puntal Blanco.

Si el hombre comenzó como cazador y recolector de los frutos que encontraba, con la agricultura comenzará a guardar alimentos para los momentos que no hay cosechas y también aprenderá a transformarlos, preparando la harina para hacer algunos tipos de comida, como el pan.

A partir del siglo VIII aC, llegando a nuestras costas comerciantes fenicios, cartagineses, griegos y etruscos, que iban a transformar las formas de vida de aquellos habitantes con nuevos descubrimientos, nuevas herramientas para hacer el trabajo y una organización que daría paso en núcleos más grandes.